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13 de octubre de 2015

En recuerdo a Henning Mankell: El chino

Portada de El chino
Una helada mañana de enero de 2006, un fotógrafo hace un descubrimiento aterrador: en el pueblecito sueco de Hesjövallen aparecen brutalmente asesinadas diecinueve personas. La policía sospecha que es obra de un perturbado; pero la jueza Birgitta Roslin, que se interesa por el caso en cuanto sabe que entre las víctimas figura la familia adoptiva de su madre, sostiene otra teoría. 
Una cinta de seda roja encontrada en la nieve le pone en la pista de un sospechoso llegado de fuera, y de una inquietante trama oculta que parece arrancar en Pekín. Birgitta ignora que todo se remonta a una vieja historia del año 1860, cuando miles de chinos fueron llevados a Estados Unidos a trabajar casi como esclavos en la construcción del ferrocarril en la costa oeste. Las consecuencias de esa dramática odisea, encarnada en los descendientes de los hermanos Wu, San y Gou Si, llegan hasta la conflictiva pero poderosa China del siglo xxi, donde cruentas luchas de poder en el seno del Partido Comunista Chino están decidiendo el futuro del país a las puertas de los Juegos Olímpicos. Pero su persecución del asesino, en solitario y al margen de la policía, se interrumpe en cuanto Birgitta siente en la nuca el aliento frío de quienes quieren acabar con su vida.

Reseña en El País por la muerte del autor

1 comentario:

JOSE VICENTE PRIETO HERMIDA dijo...

Hola amigos: Bueno pro fin acabé de leer "El Chino", es la segunda vez que leo esta novela por cierto que me gustó más que la primera, para empezar yo recordaba a Brigitta Roslin como médico y no como una juez de baja médica,y el final lo había olvidado por completo.
No os voy hacer un resumen de la novela, porque creo que ya la hemos leído todos pero si unas observaciones.
La primera es que en todas las novela de Heinning Mankel que leí hasta ahora, la puesta en escena del lugar del crimen es brutalmente aterradora sangre, vísceras, tortura, en esta novela parece más un acto terrorista que un asesinato.
La historia que nos narra Mankel, donde los niños chinos huyen de su hogar donde sus padres se suicidaron, por no poder hacer frente a las exigencias del señor feudal es de una brutalidad sobrecogedora, donde la China de los mandarines vivía de espaldas al sufrimiento del pueblo, sólo es comparable a la China del gran salto adelante, de la Revolución Cultural, donde millones de personas sufrieron persecución y millones de personas murieron de hambre.
El gigante chino, que se esta convirtiendo en la primera economía del planeta, es así gracias al trabajo en condiciones insalubres, y en semi-esclavitud de millones de personas.
Por otra parte, el crimen en si mismo, nos lo cuenta el narrador no como un acto de justicia, sino como de venganza un acto de odio hacia el hombre blanco.
Este domingo en La Voz de Galicia venía un artículo que se titulaba.
"Flores,velas y fusiles" y comenzaba así.
Piense usted en el lamentable contraste entre la inteligencia de un niño sano y la debilidad mental del adulto medio. Recordé esta cita de Freud, al ver ese vídeo, ampliamente difundido, en el que un niño parisino acaba dándole la razón a su padre (para así sostenerlo en su inconsciencia) cuando este intenta convencerlo, frente a la obvia incredulidad del niño, de que las flores y las velas los defenderán de los fusiles de los terroristas..... continua el artículo, y finaliza con estas palabras.
Esta voluntad de muerte desatada, como antes sucedió con el nazismo, no se detiene, como sabe el niño de París,con flores y velas. El único modo de detener al Estado Islámico es derrotarlo. De lo contrario asistiremos a la extensión descontrolada y simultánea del integrismo islamista y del racismo en nuestras sociedades. Son las dos versiones del mal que amenaza nuestra civilización.
Volviendo al relato que estoy comentando. Estos dos actos tanto el ficticio, (el de la novela "El Chino")como los atentados terrorista en París, Malí, Madrid, New York....Etc.,no son consecuencia de una guerra por la independencia de ningún país, ni reivindicando nada material, unicamente el odio los promueve, el odio a occidente, el odio al hombre blanco el odio que corroe los corazones de Ya-Ru y de Estado Islámico.
¿Cual sería la solución?. Según el responso del cura este domingo pasado la única solución es el amor.
Por eso yo voy acabar este comentario, encendiendo una vela y rogando a Dios que esos corazones enfermos sanen y que tanto en Hesjövalen como en París, como en Kabul podamos vivir en paz.