En un rincón del sollado de la urca “Victoria”, con la frente apoyada en las manos, entrelazados los dedos, rezada Diego “El Capitán” un padrenuestro y tres avemarías agradeciendo a la Inmaculada- de la cual había presenciado el milagro en la batalla de Empel- un día más en su azarosa vida rogando también por el alma de aquellos a los que se la había arrebatado en el cumplimiento de su deber. Ignorante estaba de que un día lejano el correo del Rey Iñigo Balboa entregaría a las musas sus memorias, que posteriormente estas dictarían al Académico Arturo creando éste la obra que nos ocupa, “MISIÓN EN PARIS”.
Tengo que reconocer que como me ocurre muy a menudo tuve que empezarla un par de veces, pero una vez cogido el ritmo la leí del tirón, disfrutando de cada giro, de cada frase escritas con la precisión de un notario, sencillamente una obra maestra.
En un rincón del sollado de la urca “Victoria”, con la frente apoyada en las manos, entrelazados los dedos, rezada Diego “El Capitán” un padrenuestro y tres avemarías agradeciendo a la Inmaculada- de la cual había presenciado el milagro en la batalla de Empel- un día más en su azarosa vida rogando también por el alma de aquellos a los que se la había arrebatado en el cumplimiento de su deber. Ignorante estaba de que un día lejano el correo del Rey Iñigo Balboa entregaría a las musas sus memorias, que posteriormente estas dictarían al Académico Arturo creando éste la obra que nos ocupa, “MISIÓN EN PARIS”.
ResponderEliminarTengo que reconocer que como me ocurre muy a menudo tuve que empezarla un par de veces, pero una vez cogido el ritmo la leí del tirón, disfrutando de cada giro, de cada frase escritas con la precisión de un notario, sencillamente una obra maestra.